Encima de la cama en perspectiva,
Mi Ángel de la guarda agazapado
Siempre atento a la combativa
Luz cegadora de cualquier pecado.
Desde niño le recuerdo alerta
En sus alas de escayola apoyado.
Desplegando su bondad incierta
En los días cotidianos de a diario.
Con halo divino, arrodillado
Cargando con el peso excesivo,
De mirar sin querer ver el callado
Grito de mis cuatro rezos esquivos.
Su nombre llevo a mi persona atado.
Desde la cuna fiel me acompaña
Cual escudero más sacrificado,
Pues Miguel Ángel dicen que me llaman.
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