Te vas mujer…Pero te quedas
Te quedas en las ruinas
De este cansado amor
Ya deshojado…
En las paredes de esta casa
Repentinamente inmensa,
Inabarcable sin ti.
Te vas mujer…pero te quedas
Te quedas en lo cotidiano
De todos
los días,
En los suburbios de las habitaciones
Inhabitadas por donde procuro
Pasar desapercibido.
Te quedas en las miradas de los amigos
Que no se atreven a preguntar
Pero presienten un deshielo
Ciertamente previsible.
Te vas mujer…Pero te quedas
Te quedas entre los brazos del insomnio
Cuando la vigilia da una tregua
A este cuerpo maltrecho
Y el corazón apura viaje extenuado
A los confines de tu sexo,
Placebo equidistante de aromas
Latido carnal que ya no encuentro.
Te vas mujer… Pero te quedas
Te quedas en los ladridos de nuestro
perro
Al que creía engañado, sin embargo
Sus lametazos vienen teñidos
De soledades compartidas
Con el temblor de los cristales,
Te quedas en el sudor
De este caluroso verano,
En el otoño que se inclina,
En todas las estaciones por donde paso.
Te vas mujer… pero te quedas
Te quedas incluso en esas noches
De alcohol y alegrías fingidas
Donde por unas horas soy rehén
De la perífrasis,
Y la memoria pierde tu norte.
Te quedas esperando la resaca
Agazapada en un rincón de mi cabeza
Para abalanzarte luego sobre mí
Cuando despunta el nuevo día.
Te vas mujer… Pero te quedas
Te quedas en las cuerdas afónicas de mi
guitarra
A la que sólo acompaño ocasionalmente
Por miedo a que las musas me abandonen,
Por temor a sentir tu melodía
Recorrer los pasadizos de mi alma.
Te quedas cual huella indeleble
Que apuntala el recobrado silencio
Enquistada entre las sábanas
Dispuesta siempre a firmar un
armisticio.
Te vas mujer… Pero te quedas
Te quedas para no volver a verme nunca.